Maldivas: el paraíso del buceo (documental completo)

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Las Islas Maldivas son sinónimo de submarinismo. Su caprichosa geografía está formada por más de 1200 pequeñas islas coralinas; no todas están censadas y algunas emergen o desaparecen, con los movimientos sísmicos del mar. Las Maldivas ofrecen al submarinista profesional y al turista que se sumerge por primera vez, un paraíso cambiante.

Hay más de 4 mil especies de peces en los arrecifes coralinos. Sólo en las Maldivas son más de 900. Muchos turistas visitan Maldivas para apartarse del mundo. La amabilidad de sus aguas y la diversidad de especies invitan a que por primera vez descubran un desbordante mundo submarino.

El submarinista novel suele aterrorizarse con la sola presencia del tiburón. Nuestro pánico puede alterarle. Pero si simplemente observamos sus movimientos, él mismo se pondrá al alcance de nuestra mano.

La leyenda del tiburón devora-hombres, ha sido desmentida. La mayoría sólo se alimenta de moluscos y pequeños peces, pero algo en su aspecto (como un miedo ancestral del hombre) nos sigue atemorizando.

La mayoría de las especies son escondidizas durante el día. Aprovechan la noche para cazar, desde los resquicios del coral donde ocultan sus largos cuerpos, que en las especies más grandes pueden alcanzar los tres metros. Son tantas las especies que conviven en el arrecife, que se da la desconcertante circunstancia de que presas y cazadores naden los unos muy cerca de los otros.

El tiburón es el señor del mar. Para el submarinista, nadar a su lado es como ganarse su respeto. Algunos submarinistas expertos recorren los océanos con el objetivo de presumir de haber estado con todas las especies de tiburón.

La promoción del turismo ha permitido a las islas Maldivas desarrollar su economía, aunque persisten grandes carencias en su población. Su difusión como lugar privilegiado de descanso y sus playas exóticas ha sido paralelo a la promoción del buceo en sus arrecifes. Miles de submarinistas se sumergen todos los años en sus aguas. En nuestro mundo, saturado de imágenes artificiales, el océano nos ofrece un espectáculo inacabable.